La Diputación de Huelva, a través de su Servicio de Archivo, ha publicado la edición facsimilares de la ‘Carta Ejecutoria de Juana I de Castilla de 1508’, un documento indispensable para la historia de Punta Umbría.
Una historia que no se entiende sin el conflicto. Durante siglos, los concejos de Gibraleón y Huelva mantuvieron una lucha feroz por el control de la costa entre los ríos Odiel y Piedras. En el centro de esta disputa se encontraba un documento excepcional: la Carta Ejecutoria de Juana I de Castilla de 1508.
Este manuscrito, conservado en pergamino en el Archivo Municipal de Gibraleón, recoge la resolución definitiva de un pleito que parecía eterno. La villa de Huelva reclamaba estos territorios como parte de la antigua Isla de Saltés, pero la justicia real fue tajante. Basándose en privilegios que se remontaban a Alfonso X el Sabio en 1268, la sentencia ratificó que la Punta del Pinar, La Estaca, La Peguera y Punta Umbría pertenecían legítimamente a la jurisdicción de Gibraleón.
Este hito legal no fue solo una cuestión de lindes; fue el primer gran paso en una organización territorial que tardaría siglos en completarse, culminando con la segregación de Punta Umbría como municipio independiente en el año 1963. Las fuentes nos hablan de “ricas pesquerías” y de una actividad industrial olvidada pero vital para la navegación de la época.
Hablamos de La Peguera, un paraje de Punta Umbría cuyo nombre nos revela su pasado. Allí se producía la pez, esa resina de pino indispensable para el calafateado de las naos y carabelas que exploraban el Atlántico. Tal era su valor que el documento de 1508 menciona incluso un puerto o “surgidero” en la Punta del Pinar por donde se sacaban barcos hacia el mar.
Sin embargo, la convivencia no era fácil. En mayo de 1500, la tensión estalló cuando vecinos de Gibraleón quemaron las almadrabas del Duque de Medina Sidonia en la costa de Punta Umbría, alegando que violaban su territorio. Pero no todo era guerra; los documentos también nos muestran un lado humano conmovedor: en abril de 1494, Punta Umbría se convirtió en un refugio de esperanza, acogiendo a los vecinos de Gibraleón que huían desesperados de una terrible epidemia de pestilencia.
Incluso en la derrota legal, los pescadores de Huelva lograron un triunfo: se les reconoció el derecho a vivir en la costa, a secar sus redes y a construir sus “barracas y asientos” en la arena, sembrando la semilla de la comunidad marinera que define hoy a Punta Umbría.

